Monasterios y conventos de religiosas

Historia de los templos de España. Toledo. Monasterios y conventos de religiosas


I. [IDEAS GENERALES]

Estas piadosas fundaciones, que también alcanzaron en Toledo una época de esplendor notable, ya se las considere bajo el punto de vista religioso y artístico, ya se las estudie histórica y filosóficamente, con relación a las costumbres, las creencias y las aspiraciones especiales de los siglos a que se deben, se remontan, como las de los monasterios de varones, a una época muy lejana, aunque en la actualidad se conservan en su mayor parte.

Como aquellas, han debido a la piedad de los remotos tiempos de la monarquía goda la primera página de sus curiosos anales; como aquellas, después de la Reconquista, han sido el objeto de la cristiana munificencia de los magnates y los reyes; pero más afortunadas, guardan aún, a pesar de las vicisitudes que igualmente han debido sufrir, los tesoros que las artes de todas las épocas han acumulado en su seno.

Las noticias de las que han desaparecido son bastante escasas; pero nos compensan con usura de la sensible pérdida de estos monumentos artísticos, preciosos por más insignificantes que fuesen para el complemento de su historia, la riqueza que, como dejamos dicho, poseen los que en nuestros días pueden estudiarse, y el buen estado en que, merced a la conservación de sus comunidades, se hallan.

Estas que, según lo dispuesto en el concordato hecho entre la Santa Sede y el Gobierno de nuestra nación y del cual hablamos en su lugar, conservan veinte conventos poblados por quinientas veintitrés religiosas sujetas a diferentes órdenes, se han dedicado a la beneficencia las unas y a la enseñanza pública las otras.


II. [CONVENTOS QUE HAN DEJADO DE EXISTIR ]

MONASTERIO DEIBIENSE

Acerca del lugar en que estuvo situado el monasterio de vírgenes que llevaba este título se han dado opiniones diversas. Como ninguna de ellas se apoya en datos suficientes a su comprobación no nos detendremos en enumerarlas, consignando tan solo que se edificó extramuros de la ciudad y en la época goda, únicas noticias en que están acordes los autores que se han ocupado de este asunto.

Según aparece en la Vida de san Ildefonso, escrita por san Julián, debiose su fundación al piadoso arzobispo, patrono de la ciudad en que se encontraba, y donde se mantuvo hasta la época de la invasión árabe, en que es de suponer desaparecería con la mayor parte de los edificios religiosos de aquella edad, de los que solo nos queda la memoria, conservada por la tradición o consignada en algún antiguo códice.

Llevó a cabo san Ildefonso la erección de este monasterio de vírgenes, cuando era abad del Agaliense y cedió para ello unas tierras de propiedad suya, llamadas Deibia, de donde la casa de religión tomó el título con que hoy se la conoce.

Ni de la regla a que se sujetaron sus religiosas, ni del mayor o menor mérito arquitectónico de la fábrica, puede asegurarse nada con fundamento plausible. La oscuridad en que hallamos envuelta la historia de aquellos tiempos solo permite conocer los sucesos más importantes.


SANTA MARÍA

Del origen, fundación y vicisitudes de este monasterio, también erigido en el largo período de la monarquía goda, nos quedan menos noticias aún que del anterior.

Si con incertidumbre y vaguedad se discute acerca del sitio en que aquél estuvo edificado, este de Santa María se duda por algunos hasta si llegó a erigirse. Sea de esto lo que fuere, pues nos parece materia excusada el formular una opinión decisiva, colocamos su nombre en este lugar, porque las autoridades más respetables en estos asuntos se han inclinado del lado de los que creen en su existencia, y nosotros a nuestra vez participamos del mismo convencimiento.

Debió desaparecer, bien destruido por las llamas o arruinado por el abandono, en la misma época que el Deibiense su contemporáneo.


SAN PEDRO DE LAS DUEÑAS

Don Alfonso VI que, como dejamos dicho, fundó varias casas de religiosas en la ciudad de Toledo, después que la hubo arrancado del poder de los mahometanos, levantó el convento de este nombre en el mismo lugar donde hoy se encuentra el hospital de Santa Cruz. Dedicole a san Pedro, según las más autorizadas tradiciones, para conservar la memoria de la basílica pretoriense que, bajo la advocación de este santo apóstol y su compañero san Pablo, estuvo en este sitio durante el período de más esplendor de la raza goda.

Su comunidad que, merced al hábito que usaban, se conocía vulgarmente por el dictado de las monjas negras, se mantuvo en el convento cerca de cuatro siglos, hasta que en tiempo de los Reyes Católicos, habiéndose unido con las concepcionistas, de las cuales tomaron el velo, se trasladaron al edificio en que éstas existen en la actualidad y del que nos ocuparemos más adelante.


EL ESPÍRITU SANTO

De este convento no quedan casi ningunas noticias. Ignórase la época a que se debe su fundación, las reglas a que estuvieron sujetas sus religiosas y las particularidades del edificio que ocuparon. Sábese tan solo que se extinguió el año de 1540, aun cuando no se puede determinar la causa.


SAN FRANCISCO DE PAULA

En el mismo siglo que el anterior dejó de existir este convento que, según la opinión más autorizada, estuvo en el distrito de la parroquia de Santiago del Arrabal. Su comunidad, numerosa en un principio, se disolvió al cabo por carecer de rentas con que sostenerse.

Ni de su iglesia y fábrica, destinada a habitación de las religiosas, queda noticia alguna interesante.


JERÓNIMAS DE LA ENCARNACIÓN

Una piadosa y noble señora, portuguesa de nación e hija bastarda del rey don Fernando I, desengañada de la vanidad del mundo, vendió sus alhajas y bienes, el producto lo dedicó al alivio de la miseria, y después que hubo roto cuantos lazos de interés o afección la ligaban a la vida, se encerró con otra mujer en una casa de la propiedad de María Díaz de Segovia.

La estrechez y oscuridad en que vivía una dama de tan alto linaje atrajo sobre ella la veneración del pueblo, que vulgarmente la apellidaba, por alusión a sus hábitos modestos y morigeradas costumbres, doña María de la vida pobre, dictado con que fue conocido posteriormente y ha llegado hasta nosotros el convento de jerónimas que fundara en 1493.

Formaron esta comunidad, cuyas religiosas tomaron el velo de concepcionistas, algunas nobles mujeres que, animadas del ejemplo, habían seguido en su género especial de vida a la devota dama portuguesa.

Su templo, que debió sufrir alguna notable restauración en el siglo pasado, pertenecía últimamente a la arquitectura grecorromana, y aunque de pocas dimensiones, mereció ser citado con elogio por algunos cronistas, merced a la sencillez y elegante disposición de sus partes.

Las llamas que durante la ominosa guerra de la Independencia española destruyeron en esta ciudad tantos objetos preciosos y notables edificios, apresuraron la ruina de este que, abandonado al por la comunidad que de tan antiguo lo habitaba, ha quedado reducido a un montón de escombros e informes fragmentos de fábrica.


SAN ANTONIO

Levantose este convento, al que se trasladaron después de concluido algunas mujeres que formaban una piadosa congregación, en la calle de Santo Tomé y en unas casas de la pertenencia de Fernando de Ábalos.

Las beatas que al ocupar este edificio tomaron el velo de franciscas, sujetándose a todas las prescripciones y votos de esta regla, permanecieron en él hasta nuestros días, abandonándolo por último y uniéndose a las de Santa Isabel, en virtud a las órdenes de exclaustración por no encontrarse en número estimado suficiente para formar comunidad aparte.

El templo y la fábrica destinada a habitación de las religiosas, que nada de particular ofrecen al estudio artístico, se encuentran hoy abandonados, y aunque en el primero se han hecho algunas ligeras reparaciones, creemos que ambos desaparecerán muy pronto.


SAN MIGUEL DE LOS REYES

En unas casas propiedad de los señores de Cebolla y a fines del siglo XV tuvo lugar la fundación de este convento, cuyas religiosas franciscanas de regla lo pusieron bajo la advocación de la Epifanía, de donde tomó su verdadero sobrenombre, aunque vulgarmente se llama de los Ángeles.

Contribuyeron principalmente a su creación y lo dotaron de las rentas bastantes al mantenimiento de la comunidad don Diego López de Toledo, varón piadosísimo, y su mujer, doña María de Santa Cruz, cuyos sepulcros se trasladaron no ha mucho a San Pedro Mártir desde este templo, en donde estuvieron largos años en lugar preeminente y propio de los fundadores.

También encerró dentro de sus muros algunas reliquias, pinturas y retablos dignos de aprecio que se diseminaron entre otras iglesias, cuando las religiosas, por su escaso número, se vieron precisadas a incorporarse a las de Santa Isabel con las que, a ejemplo de las anteriores, formaron una misma comunidad.

El templo y fábricas unidas a él han sido completamente derribados y tan solo puede señalarse el solar en donde estaban.


BEATERIOS

Aunque estas fundaciones que han desaparecido casi en su totalidad, no tuvieron nunca el carácter de comunidades ni se sujetaron a las reglas de ninguna orden religiosa, toda vez que levantaron templos y algunos de bastante valía, nos ha parecido oportuno concluir con ellas esta parte de nuestra historia de los conventos que han dejado de existir.

El más antiguo de que tenemos noticia fue fundado en los primeros años de la Reconquista y vulgarmente se le conoció por de las Emparedadas, alusión sin duda a la rigurosa reclusión en que vivían las que formaban parte de este beaterio, que no sabemos cuándo ni por qué causa pudo desaparecer.

Otro que con la advocación de santa Catalina estuvo por espacio de dos siglos en la feligresía de San Román y poseyó una capilla notable por su estructura y riquezas, dejó de existir también sin que podamos señalar la época ni las causas que motivaron su desaparición, acontecida, según probabilidades, hace muchos años.

De dos que se han extinguido en estos últimos tiempos, ambos por falta de recursos, sabemos que el uno, cuyo edificio aún existe con su oratorio cerca del convento de Santa Ana, se debió a la piedad del docto don Francisco de Pisa, erudito historiador de Toledo, mientras el otro, situado en las inmediaciones de la parroquia de Santa Leocadia, lo hizo a su costa un canónigo de la santa iglesia catedral.


III. [COMUNIDADES QUE ACTUALMENTE EXISTEN]

SANTO DOMINGO DE SILOS

Este convento es uno de los dos que mandó establecer el rey don Alfonso VI, después de haber sacado la ciudad en que se halla del poder de los infieles. Estuvo situado desde su fundación en el mismo lugar en que hoy se encuentra y perteneció a la orden benedictina, aun cuando algún tiempo después sus religiosas, con facultad de la Santa Sede, profesaron en la del Císter.

Doña María de Silva, dama portuguesa, que habiendo perdido a su esposo se encerró dentro de sus muros para acabar en ellos la vida, dejó por albacea de sus bienes a don Diego de Castilla, deán de Toledo, con el encargo de labrar un templo digno de su comunidad, entonces una de las más numerosas.

Cumplido esto así, el Greco fue el encargado de la obra, haciendo en ella las veces de pintor, escultor y arquitecto.

La iglesia, cuya planta forma una cruz latina, consta de una espaciosa nave atravesada en su tercio superior por la del crucero. Sobre este se levanta una airosa cúpula que presta luz a la capilla mayor y cobija el punto de intersección de las naves, las cuales se engalanan con grandes pilastras jónicas que sustentan una elegante cornisa y descansan sobre un ancho zócalo.

El retablo del principal de los altares consta de dos cuerpos de arquitectura de orden corintio; la parte de talla la ejecutó Juan Bautista Monegro, debiéndose al ya citado Dominico Greco, autor de la traza de todo el edificio, las esculturas y lienzos que lo adornan, los cuales merecen fijar la atención de las personas entendidas.

Los otros dos retablos de las alas, colaterales a este, pertenecen también al mismo orden arquitectónico y conservan dos apreciables pinturas de la misma mano que las anteriores.

Representa la del altar del lado de la epístola la Resurreción y la que con esta hace juego, la Natividad.

Algunos otros lienzos se contemplan repartidos por el ámbito de la iglesia, entre los cuales se pueden citar como de un mérito más sobresaliente la Anunciación, que parece obra de Vicente Carducho, y algunas figuras de santos, que se creen pertenecen a Luis Tristán.

La comunidad se dedica a la enseñanza pública de niñas y puede constar hasta de veinticinco religiosas.


SAN CLEMENTE

                                      San Clemente. Original aquí


Según la opinión más autorizada, fundó este monasterio, uno de los más ricos y suntuosos de esta ciudad, don Alfonso VII el Emperador, el cual, según dice Mariana y lo comprueba así el sepulcro que aún se ve en su templo, mandó enterrar en él a uno de sus hijos, muerto en los primeros años de su vida.

Como el anterior, pertenece a la orden del Císter.

Su iglesia consta de una sola nave de arquitectura ojival, sencilla, pero elegante y de gentiles proporciones.

En el año de 1795 el cardenal Lorenzana la mandó restaurar, datando de esta época las dos grandes pilastras dóricas que sustentan la bóveda que cubre el presbiterio y que tan extraño contraste forman con el resto de la arquitectura interior de esta fábrica.

Al mismo año pertenece el tabernáculo de mármoles del altar mayor, cuyo magnífico retablo contribuyó a costear don Gaspar de Quiroga en el de 1579.

En el muro del costado del evangelio y dentro de una hornacina, se halla un sepulcro con una estatua yacente de niño, el cual pertenece, según de la inscripción se deduce, al infante don Fernando, hijo del regio fundador de esta casa religiosa.

Los otros retablos que hay carecen de mérito; los muros están pintados al fresco, representando diferentes asuntos sacados de la historia de la Virgen, y las junturas de los sillares, que están cubiertos con un barniz blanco, se dibujan por medio de filetes de oro y negro.

En el coro, que es bastante capaz y suntuoso, se encuentra una buena sillería de nogal tallada y un magnífico órgano.

Las portadas exteriores de este edificio son dos, de las cuales la de la iglesia merece por todos conceptos las justas alabanzas que le prodigan los inteligentes. Pertenece al gusto plateresco; se ejecutó en el siglo XVI, y no sin gran fundamento se atribuye al célebre escultor Berruguete, único que en nuestro juicio pudo concebir y ejecutar obra tan elegante y acabada.

Inútil sería el querer dar con palabras una idea de este monumento del arte. En la exacta reproducción que de él ofrecemos, pueden estudiar nuestros lectores la acertada disposición de las partes de que se forma, admirando el lujo y la variedad de sus detalles, tan numerosos como prolijamente concluidos.

La otra fachada correspondiente a la portería es también de piedra, pero bastante sencilla; consta de cuatro columnas jónicas, sobre las que descansan dos pirámides que flanquean un nicho colocado por cima del arco de ingreso, y en el cual se halla una buena escultura representando al pontífice san Clemente, titular del convento.

La comunidad puede componerse de sesenta religiosas, que se dedican a la enseñanza, y posee un archivo con muchos documentos importantes, entre los que se cuentan más de quinientas escrituras en árabe.


SANTA CLARA LA REAL

Tuvo esta comunidad su primer convento en la vega, a las inmediaciones de Santa Susana y en un edificio conocido con el nombre de Casa de la Monja. Estableciose bajo la regla de san Benito el año 1250 y se mantuvo extramuros hasta el de 1371, en que ya con la regla y hábito de santa Clara se trasladaron a la población y a su nuevo local, levantado en una casa de su pertenencia por doña María Meléndez, esposa de Gutierre Téllez de Meneses.

Goza del título de Real porque profesaron en él dos hijas naturales de don Enrique II, que por esta causa lo dotó magníficamente.

La iglesia consta de dos naves que entre sí forman un ángulo. En la que se extiende de poniente a levante se encuentran la capilla mayor, que posee un buen retablo con pinturas y esculturas de algún mérito, y el coro, en el cual se hallan enterradas las dos hijas del referido monarca castellano, con el célebre duque de Arjona don Fadrique de Castilla, conde de Trastámara.

En la otra nave, que corre de mediodía a norte y en la cual se encuentra el arco que da ingreso al templo desde la parte exterior, hay una capilla de arquitectura ojival con un retablo del gusto plateresco, muy notable, tanto por su elegante trazado, como por las tablas de buena mano que en número de nueve posee. La fundó don Juan de Morales, deán de Sevilla, cuyo sepulcro con estatua yacente se encuentra en este mismo lugar junto al de sus padres.

La parte exterior del templo es bastante mezquina e irregular, no ofreciendo cosa alguna acreedora por su mérito de una detenida descripción.

Las religiosas, que son catorce según lo dispuesto en el concordato, se dedican a la enseñanza, como las del mayor número de las comunidades de Toledo.


SANTA ÚRSULA

Unas beatas, que en el año de 1260 se reunieron para vivir lejos del bullicio del mundo y merced a las limosnas de los fieles, fueron la base de esta comunidad, que en 1320 levantó el edificio, del cual aún se conserva parte, cuando tomaron sus religiosas el hábito de san Agustín.

La iglesia que sustituyó en 1360 a la primitiva la costeó don Diego González, arcediano de Calatrava, que también mejoró y ensanchó a sus expensas el convento, al cual impuso la carga de pagar anualmente al cabildo, en cambio de algunos solares que le cedió para esta obra, un cirio de tres libras de cera.

La parte de la fábrica destinada para habitación de las monjas es muy sólida y de amplias proporciones.

El templo consta de dos naves: una hecha a fines del siglo XIV y perteneciente al estilo ojival, y otra labrada en los primeros años del xvi con arreglo al gusto renacido. En esta última se ve un magnífico altar plateresco, con cuatro pinturas en tabla de regular ejecución, y en la primera o más antigua, un buen retablo de orden corintio que ocupa el testero de la capilla mayor.

También es digno de que lo mencionemos el cuadro que se halla junto a las rejas del coro, el cual pertenece a Alejandro Sémini y representa a Santiago, san Juan Evangelista y san Juan de Sahagún.

En el exterior merece observarse el ábside o respaldo de la capilla mayor, que pertenece al estilo árabe y se adorna con varias series de arcos ornamentales incluidos y dobles, como los que engalanan el recuadro de la parte superior del muro en que se halla la puerta.

Tampoco debe pasarse por alto el rico artesonado de alerce que cubre la sacristía de este convento, cuyas religiosas se ocupan en la actualidad en la enseñanza, pudiendo reunirse, según lo dispuesto, hasta en número de veinticuatro.


SANTA MARÍA LA REAL

La fundación de este convento de dominicas se remonta al siglo XIV. La llevó a cabo doña Inés García de Meneses que estableció la comunidad en unas casas de su pertenencia el año de 1364.

Poco tiempo después de constituida, hizo levantar nuevamente y a su costa gran parte de la fábrica doña Teresa de Toledo y Ayala, que en unión de una hija que tuvo del rey don Pedro el primero y a la que llamaban doña María de Castilla, tomó el velo en esta religión de cuya casa ambas fueron abadesas.

El primitivo templo ha desaparecido casi en su totalidad, pues solo quedan de él algunas capillas. Por efecto de las diversas modificaciones que ha experimentado, la forma del que existe es bastante irregular, y el género de su arquitectura apenas puede determinarse, ofreciendo en cada una de sus partes un estilo diverso. Consta de dos naves atravesadas. En uno de los extremos de la principal se encuentra la portada, bastante sencilla, de orden dórico, y precedida de un elegante pórtico del mismo gusto. En el otro hay algunos altares de escaso mérito ocupando el sitio del mayor, el cual se ve, por un extraño capricho, dentro de una capilla lateral a esta nave. Esta capilla, que pertenece al estilo ojival, está cubierta por una bóveda subdividida en cascos; contiene un retablo churrigueresco de muy mal gusto, y un sepulcro con estatua arrodillada, colocado en una hornacina abierta en el muro del costado del evangelio y perteneciente, según de su inscripción se colige, al mariscal Payo de Rivera.

En otra capilla, que antes de llegar a esta se encuentra en la misma nave, se titula de Santo Domingo y la fundó la familia de Guzmán y Silva, existen un buen retablo del siglo XV con bajorrelieves apreciables y dos sepulcros de mármol, en uno de los cuales se hallan dos hermanos canónigos de Toledo y parientes de los fundadores, ocupando el otro los restos de Arias Gómez de Silva, aposentador mayor de don Juan II, y Juan de Ayala, alguacil mayor que fue de esta ciudad.

En el resto de la iglesia se ven algunos lienzos de poco valor y varios retablos de ejecución mediana, si se exceptúa el que puede observarse en una pequeña capillita, situada a la derecha del arco de ingreso, al cual adornan tres buenas pinturas en tabla, y otro, colocado enfrente, notable por la gallardía de su disposición y franco desempeño de sus bajorrelieves.

Diremos para concluir que este convento de Santa María, el cual también se conoce por Santo Domingo, tomó el título de Real merced a las esclarecidas personas que en él profesaron, y las otras muchas, también de regia estirpe, que en él yacen enterradas.

Pueden contarse entre estas últimas, además de las ya citadas doña Teresa de Toledo y doña María de Castilla, otros dos hijos del célebre rey don Pedro, los cuales los hubo en doña Isabel, nodriza de su primogénito el príncipe don Alonso, y se llamaban don Sancho y don Diego.

También habitó en este convento, murió en él y estuvo sepultada en sus bóvedas, doña Leonor, infanta de Aragón y esposa del rey don Duarte de Portugal, la cual fue mandada trasladar, durante el reinado de su hijo don Alonso, al insigne monasterio de Batalha.

La comunidad, que puede constar hasta de cuarenta religiosas, se ha dedicado a la enseñanza.


JERÓNIMAS DE LA REINA

Una noble señora llamada doña Teresa Hernández, persona muy principal y de la servidumbre de doña Juana, esposa de Enrique II de Castilla, llevó a efecto esta fundación por los años de 1370, estableciéndose en unas casas que ocuparon el mismo sitio que este convento, al cual, por la mucha frecuencia con que la referida doña Juana solía visitar a la fundadora y a doce piadosas mujeres con quienes en comunidad vivía, se llamó de la Reina.

Al principio solo se labró una capilla, a la que dieron el título de la Visitación de Nuestra Señora; pero habiendo profesado la comunidad en la regla de san Jerónimo y obtenido algunas más rentas para atender a sus necesidades, se fueron mejorando sus habitaciones, que lo mismo que la iglesia, terminada de labrar en 1592, se encuentran hoy bajo la misma advocación que la primitiva capilla.

Consta esta última de una sola nave perteneciente al gusto grecorromano. Ni en la parte exterior de sus muros ni en la portada se encuentra cosa alguna susceptible de particular detalle. Los buenos lienzos que poseía de Tristán, Orrente y el Greco, desaparecieron el año de 1836, época en que sus religiosas, ya en número muy escaso, se vieron en la precisión de ir a formar parte de otra comunidad.

No hace mucho que han obtenido licencia para reunirse de nuevo en su local propio, para lo cual se han efectuado en él algunas reparaciones, trasladando de nuevo al lugar en que antes se encontró el retablo principal, que es bastante apreciable y se hallaba depositado en San Juan de los Reyes.

Actualmente las religiosas se dedican a la beneficencia y su número no puede pasar de dieciocho.


SAN PABLO

Este monasterio que, como el de la Reina de que acabamos de ocupamos, pertenece a la orden de jerónimos, debe su fundación, que tuvo lugar en los últimos años del siglo XIV, a doña María García de Toledo, señora muy virtuosa que en aquella época se reunió con varias devotas mujeres para vivir en comunidad.

Durante la vida de la fundadora no pronunciaron ninguna clase de votos religiosos; pero a la muerte de esta hicieron profesión formal en la orden que dejamos indicada.

La fábrica del templo pertenece al estilo ojival y consta de una nave de proporcionadas dimensiones, cubierta de una fuerte bóveda compartida en grandes espacios, cruzados por aristas y engalanados de crestones y otros ornatos propios de su género de arquitectura.

La capilla mayor, que fue erigida a costa de la familia de los Guevaras, contiene un buen retablo con pinturas dignas de la mayor estimación, aunque de mano desconocida, y un soberbio sepulcro de mármol negro en el que se hallan los despojos del cardenal arzobispo de Sevilla don Fernando Niño.

Colaterales al principal hay otros dos retablos de gran mérito y de orden dórico, en los cuales se conservan algunos lienzos notables por la corrección del dibujo y la armonía del colorido.

Tampoco deben pasarse por alto los altares de estilo plateresco que se ven en el cuerpo de la iglesia.

Como dijimos en su lugar, estas religiosas, que tienen a su cargo la enseñanza de niñas y pueden reunirse hasta en número de veinte, conservan el cuchillo de Nerón con que fue degollado san Pablo, el cual anteriormente se custodió en el monasterio de la Sisla.


LAS GAITANAS

Doña Giomar de Meneses, señora muy principal de Toledo y mujer de Lope Gaitán, en cuyo apellido tuvo origen el sobrenombre con que generalmente se ha designado a esta piadosa congregación, fundó en 1459 un beaterio de mujeres que vestían el hábito de san Agustín, aunque sin hacer votos ni sujetarse a clausura. Como la mayor parte de estas congregaciones, la que nos ocupa se convirtió al cabo en comunidad de monjas, profesando solemnemente en la misma regla cuyo hábito hasta entonces habían vestido.

Del primitivo local en que se establecieron solo se sabe que estuvo cerca de Santa Leocadia. Trasladáronse al que actualmente habitan en los primeros años del siglo xvii, época sin duda alguna a la que pertenece su templo.

Levantaron este a su costa don Diego de la Palma Hurtado y su mujer, doña Mariana de la Palma, los cuales la dotaron asimismo de altares, pinturas, vasos sagrados y ornamentos.

La construcción es de estilo grecorromano, y por la desahogada proporción de las partes que la componen y la sencillez y buen gusto de sus ornatos, molduras y pilastras merecen fijar la atención de las personas entendidas.

En la capilla mayor, que es el lugar donde se encuentra la sepultura de los fundadores de la iglesia, hay también un buen altar, cuyo retablo se forma con algunos adornos que sirven de marco a un gran lienzo que representa la Reina del Cielo, María, rodeada de ángeles y nubes resplandecientes, obra de Francisco Rici y la única que posee este convento digno de mencionarse con encomio.

Los otros altares, como asimismo el interior de la fábrica, muy poco o ninguna materia ofrecen para el estudio y la descripción.

En el último arreglo se le señaló a esta casa, cuyo patronato pertenece a la familia de los Palmas y Hurtado, el número de treinta y seis religiosas como máximum de la comunidad, la cual se dedica a la beneficencia.


SANTA ISABEL

Tuvo lugar la fundación de esta casa de religión, a la que contribuyeron los Reyes Católicos con grandes donativos, en el año de 1477 y en un palacio del señorío de Casarrubios perteneciente a dichos monarcas, razón por la cual la llamaron de los Reyes.

Doña Juana de Guzmán, conocida por sor María la pobre, fue la que llevó a cabo este pensamiento.

La iglesia, que antes fue parroquia de San Antolín, como dijimos en otro lugar, consta de una sola nave y reúne ejemplares muy curiosos de los diversos estilos arquitectónicos que más se han usado en Toledo.

La capilla mayor es ojival y el cuerpo de la iglesia guarda rasgos del árabe como el exterior o ábside, del que ofrecemos una lámina, mientras que la sencilla portada que exorna el ingreso pertenece al gusto renacido.

A este mismo género pertenece el retablo del altar mayor, recomendable por más de un concepto, así como sus dos colaterales que, con otro que se halla a los pies de la iglesia, completa el número de los que merecen fijar la atención.

La comunidad se compone de veinticuatro religiosas que se dedicaron a la enseñanza.


MADRE DE DIOS

En 1482, doña Leonor y doña María de Silva, hijas de don Alonso, conde de Cifuentes, fundaron este convento bajo la regla de santo Domingo, y en 1491 se unieron a él unas beatas que bajo la advocación de santa Catalina de Siena vivieron contiguas. También se unió al citado convento en 1510 la ermita de Todos los Santos, anejo de San Román.

Este convento no contenía nada digno de mencionarse y fue suprimido hace veinte años por no tener el número de monjas necesario para formar comunidad, trasladándose las que había al convento de Jesús y María.

Después casi demolido, y por concesión del Gobierno, las antiguas monjas lo ocuparon, logrando por medio de limosnas reedificar una parte para habilitarlo y adornar pobremente la iglesia.

Hace pocos años las antiguas religiosas obtuvieron del Gobierno permiso para volver a reunirse y entonces volvieron a colocar el retablo mayor que estaba en San Juan de los Reyes y que consta de un cuerpo dórico y otro jónico, con el Misterio de la Visitación en el nicho principal y terminando en un Calvario.

La actual comunidad se dedica a obras de beneficencia y su número no puede pasar de dieciocho.


CONCEPCIÓN FRANCISCA

Doña Beatriz de Silva, ilustre y hermosa dama, portuguesa de nación, y a Ia que la calumnia y la envidia disgustaron de la corte de los Reyes Católicos a cuyo servicio se encontraba, decidióse a huir del mundo para encerrarse en el monasterio de Santo Domingo el Real. En este retiro permaneció por espacio de muchos años, al cabo de los cuales, y cuando corría el de 1484 fundó un convento dedicado a la Purísima Concepción de la Virgen, el primero que hubo de este título.

La reina doña Isabel cediole para la instalación de su comunidad una parte de los alcázares conocidos entonces con el nombre de palacios de Galiana, de la cual se trasladó este al contiguo edificio que hoy ocupa, cuando después de reunírseles algunas otras comunidades, todas ellas tomaron el velo de franciscas, regla que tienen desde el año de 1501.

La iglesia, que bajo el punto de vista arquitectónico muy poco o nada ofrece de notable en su estructura, consta de una sola nave. La capilla mayor, formada por el último de los cinco compartimentos en que esta se divide, está menos que medianamente pintada al fresco, y el retablo que ocupa su centro y pertenece al orden corintio contiene hasta cuatro lienzos de regular mano. Otros cuatro altares se encuentran en el cuerpo de la iglesia, que no carecen de importancia, merced a sus elegantes diseños y recomendable ejecución. Con estos retablos, una o dos esculturas y varios lienzos de escasa importancia, entre los que se encuentra el retrato de la fundadora, se termina el catálogo de los objetos artísticos que se hallan en este templo.

A la derecha de la puerta de entrada, existe, aunque ya muy ruinosa y en un completo estado de abandono, una capilla perteneciente al género ojival y dedicada a santa Quiteria, cuya fundación, debida a Diego de Amusco, ha dado pretexto a varias tradiciones populares.

En esta misma capilla, que más tarde tuvo en patronato la distinguida familia de los Francos, se admiran los magníficos sepulcros de algunos de sus antecesores. Entre ellos se encuentran Lorenzo Suárez Franco y Elvira Suárez, esposos, muertos en un mismo día y enterrados en una misma sepultura, sobre la losa de la cual se ve en estatuas yacentes este breve y notable epitafio:

quos amor conjunxit mors non dividit.

Para terminar diremos que, en el muro frontero al que forma la entrada de la anterior capilla, se encuentra colgada la momia o piel rellena de un animal deforme que no puede examinarse por la falta de luz de que adolece esta iglesia, pero que se asemeja, en efecto, a un lagarto monstruoso, de cuya especie lo cree el vulgo, que sobre su aparición cuentan mil y mil maravillosas tradiciones.

La comunidad de este convento, que habita una parte del antiguo palacio de Galiana, en la que se ven aún vestigios de su antiguo esplendor, puede componerse hasta de treinta religiosas y se dedican a la enseñanza.


LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN

Esta comunidad, a la que vulgarmente se conoce por las Benitas, con motivo, sin duda, de hallarse sujeta a esta orden, tuvo su origen, como la mayor parte de las que conocemos en esta ciudad, en una asociación o colegio de beatas.

Fundose este en el año de 1487 merced a la piedad de don Diego Hernández de Úbeda, cura párroco de la capilla de San Pedro de la catedral primada, y continuó regido por iguales estatutos y ocupando el mismo local hasta mediados del siglo XVII, en que trasladándose al que tienen en el día trasformose de beaterio en comunidad y las nuevas religiosas tomaron el velo y regla de san Benito.

Da ingreso a la iglesia de este convento, que algunos sospechan se llevó a cabo merced a los donativos del arzobispo don Pascual de Aragón, una elegante portada perteneciente al orden dórico, en la cual puede observarse una estatua de la Virgen, que no carece de buenas dotes artísticas y cuyo autor se ignora.

La decoración y trazo del templo, que pertenece al orden grecorromano, es una apreciable aunque sencilla muestra de este género de arquitectura, y si entre los altares y los lienzos que lo adornan no se encuentra ninguno de un mérito tan sobresaliente que merezca un estudio particular y detenido, puede decirse que casi en su totalidad son acreedores a la estima de los inteligentes. Las religiosas que, según el último arreglo de las órdenes pueden reunirse en número de doce, se dedican al ejercicio de la beneficencia.

SANTA ANA

Este convento fue edificado en 1527 sobre el terreno que ocupaban las casas de la Ricafembra y su fundación la hizo a fines del XV doña María González en unas del duque de Maqueda, de donde la fundadora con cinco religiosas más se trasladaron en 1513 frente a Santa María la Blanca, local que abandonaron para pasar al convento que nos ocupa. El edificio es poco extenso y la iglesia no consta más que de una nave, sin que en ella exista objeto digno de particular mención.

En 1836 la comunidad, disuelta por no haber número suficiente de religiosas, pasó a la Concepción Francisca, y el convento abandonado sirvió sucesivamente de casa de vecindad y hospital militar, hasta que las antiguas religiosas obtuvieron últimamente permiso del Gobierno para habitar su antiguo local, dedicándose a la enseñanza y fijando su número en diecisiete.


COMENDADORAS DE SANTIAGO

En el lugar que ocupa este convento, erigido en la parte alta y occidental de los palacios de Galiana de los que ya hemos hecho mención en diversos capítulos de nuestra historia, hubo, desde los tiempos de don Alfonso VIII, un priorato de la Orden de Calatrava que, bajo la advocación de Santa Fides o Santa Fe, patrocinó una capilla de la cual aún se conservan vestigios.

Los Reyes Católicos, que en 1494 dieron a los caballeros en cambio de este espacioso local la magnífica sinagoga del Tránsito o de san Benito, fundaron en él un convento de comendadoras, las cuales, en número de veintiocho, vinieron a establecerse en la ciudad, mediante bula apostólica, desde su monasterio de Santa Eufemia de Cozollos.

Lo mismo el templo que la fábrica que sirve de habitación a la comunidad deben haber sufrido notables trasformaciones. El primero, cuya última restauración parece datar de fines del siglo pasado, nada o muy poco de particular contiene en sus naves y capillas. De sus cuadros notables, que mencionan varios escritores, unos han desaparecido y otros no nos parecen del mérito que se les atribuye. Se pueden, sin embargo, examinar con algún detenimiento las pinturas que adornan los retablos colaterales al de la cabecera y algunas que se ven en el claustro bajo del convento. Esta parte del edificio, aunque no conserva ni las huellas de su pasado esplendor, merece ser visitado por la buena disposición y amplitud de su trazo y proporciones.

Antes de concluir la breve reseña histórica de este convento, cuyas monjas también se conocen por de Santa Fe en memoria del priorato de Calatrava o los caballeros por alusión a la Orden de Santiago que profesan y cuyo voto y regla tienen, diremos algo de una capillita que llaman de Nuestro Señor de Belén, y se encuentra entre el coro bajo y el claustro de que dejamos hecha mención más arriba. Esta pequeña fábrica, independiente del cuerpo de la iglesia, guarda algunos rasgos del primitivo género a que debió pertenecer el templo en general, y unida a los restos de la que estuvo dedicada a Santa Fe, en cuyo ábside se ven algunas series de arcos árabes, forman el contraste arquitectónico que presentaban los dos estilos usuales en la época de la Reconquista, durante la cual debieron erigirse.

La comunidad, que puede constar de doce señoras con voto y el número de sirvientas que la orden señala a cada una de las religiosas, se dedica a la enseñanza.


SAN JUAN DE LA PENITENCIA

El Renacimiento, la arquitectura árabe y el estilo ojival han contribuido en épocas distintas al embellecimiento de este edificio que, reuniendo muestras de tan diferentes géneros, ofrece un conjunto tan extraño como digno de estudio.

El famoso cardenal Cisneros compró para levantarlas las casas de la familia de los Pantojas, y después de contribuir de su peculio con cuanto fue preciso para su edificación el año de 1514, fundó en él un convento de religiosas franciscanas, dotando a la comunidad en 600.000 maravedises de renta.

Más tarde otro religioso compañero del célebre cardenal labró a su costa y magníficamente la capilla mayor de la iglesia. Da testimonio de ambas edificaciones la inscripción que la adorna, y que dice así:

Esta capilla mandó hacer el Reverendísimo Señor D. Fray Francisco Ruiz, Obispo de Ávila, del Consejo de S. M., compañero del Ilmo. Cardenal Arzobispo de Toledo, Gobernador de España, fundador de esta casa, su señor: por lo cual se enterró aquí. Falleció año de M.D.XXVIII A XXII de octubre.

El cuerpo de la iglesia, que consta de una sola nave, es bastante espacioso y se halla cubierto por un magnífico artesonado de alerce, del género morisco. Las ventanas, perforadas en los muros, son ojivales, y aunque sencillas, del gusto más puro y acabado. El coro, que se encuentra en alto y ocupa el tercio inferior de la fábrica, se apoya en una gruesa viga perfectamente trabajada en el estilo plateresco más elegante y minucioso. Corresponden, en fin, al lujo del edificio la riqueza y mérito de sus lienzos y altares, entre los que merece una particular mención el de San Juan Bautista, cuyas pinturas, trazo y ejecución le colocan a la altura de los mejores que en su género encierra la catedral.

Dada una ligera idea de la nave, pasaremos a describir la cabecera o capilla mayor, obra de otra mano y estilo, la cual defiende una magnífica verja de hierro en la que se nota la más graciosa y armónica combinación de adornos del estilo ojival, con dibujos y hojarascas platerescos, a cuyo género pertenece. Esta capilla en la que, por decirlo así, se encuentran reunidas las muestras más hermosas de las diversas artes que han contribuido a enriquecer el templo, también está cubierta por un magnífico artesonado, al que contribuyen a sostener dos lujosas pechinas árabes, trabajadas con una prolijidad y un gusto prodigioso. Los ornatos que embellecen sus muros son propios del gusto renacido, y ojivales las ventanas por donde recibe la luz. A favor de esta, que penetra velada al través de los vidrios de colores, pueden examinarse tres magníficos retablos de arquitectura plateresca, en cuyos intercolumnios hay multitud de apreciables tablas representando pasajes de la vida del Salvador y de su Santa Madre y un buen número de esculturas dignas de aprecio.

También se encuentra en el recinto de esta capilla y ocupa casi todo el muro colateral del evangelio el soberbio sepulcro del obispo de Ávila, su fundador. Esta «gran máquina de bellísimo mármol», como la llama Ponz en el tomo primero de sus Viajes, fue traída de Palermo, donde un escultor italiano labró las figuras que la adornan y la admirable estatua yacente del prelado que en ella descansa. Aunque Alvar Gómez de Castro, que da esta noticia en su historia del cardenal Cisneros, no dice nada, ya se ha sospechado y basta examinar detenidamente este sepulcro para creerlo, que no solo su ornamentación sino hasta las figuras que lo embellecen son obra de más de un artista.

La parte del convento destinada a habitación de las religiosas, que pueden reunirse hasta en número de veinticuatro y se dedican a la enseñanza, conserva algunos restos de las casas de los caballeros Pantojas, en las que se instaló la comunidad en tiempo de su fundador, y las cuales, como casi todas las de su época, estaban construidas por alarifes moriscos o maestros de obra cristianos que imitaban su ornamentación.


SAN TORCUATO

Esta comunidad tuvo su origen en un beaterio fundado el año de 1520 junto al convento de las antiguas calzadas, cuyo hábito vestían las devotas mujeres que se reunieron en él. En 1592 trasladáronse estas, después de pronunciar votos formales, a unas casas que llamaron de las Melgarejas inmediatas a la parroquia de San Torcuato, la cual, por una gracia particular del arzobispo don Gaspar de Quiroga y con anuencia del párroco que en aquella época la regía, les sirve de templo.

Como al hablar de las parroquias muzárabes nos extendimos en la monografía de la de San Torcuato todo lo que su importancia requiere, parécenos ocioso repetir en este lugar cuanto en otro dejamos ya consignado. La comunidad, que puede constar hasta de treinta y cuatro religiosas y que se dedica a la enseñanza, habita un edificio que muy poco o nada tiene de notable.


BERNARDAS RECOLETAS

Según que de una inscripción colocada en la iglesia de este convento aparece, su fundación, que tuvo lugar el de 1605, se debe al licenciado Fernán Pérez de la Fuente, que en el de 1598 otorgó escritura pública, dotando con sus bienes a una comunidad de monjas bernardas.

Ni la iglesia ni el edificio destinado a habitación de estas contiene nada que merezca hacer de ello particular mención.

Debe aceptarse, sin embargo, el gran lienzo del altar mayor, que representa la Asunción, y que en efecto parece de la mano de Carduccio, artista al que generalmente se le atribuye.

La comunidad se dedica a la beneficencia y se pueden reunir hasta veinticuatro religiosas.


CARMELITAS DESCALZAS

A más de la mitad del siglo xvi, vino a Toledo a establecer esta orden de religiosas la venerada doctora santa Teresa de Jesús que, después de ocupar las casas donde ahora vemos la capilla de San José, se estableció el año de 1560 con su comunidad en un edificio que a este efecto les habilitó Alonso Franco, y que según noticias, estuvo en el punto que llamaron las Tendillas. Allí permanecieron las monjas por espacio de algunos años hasta que, ya muy entrado el siglo XVII, pasaron a habitar el convento que hoy ocupan.

La iglesia de este, a pesar de ser muy pequeña, merece ser visitada, así por los buenos retablos que contiene, entre los que descuella el altar mayor, como por la regularidad y buen gusto de su arquitectura grecorromana.

También existen en ella algunos lienzos de mérito, aunque la mayor parte de los que cita Pérez en su Viaje por España han desaparecido.

La comunidad, que consta de veintiuna religiosas, se dedica a la enseñanza.


JESÚS Y MARÍA

Tanto el monasterio como la iglesia de este convento son de poca extensión y sin nada notable. Su fundación data del siglo XVI por doña Juana de Castilla y en el terreno que antiguamente ocupaban las casas de los Barrosos.

Las monjas son recoletas, se dedican a la enseñanza y su número no puede pasar de veinticuatro.


CAPUCHINAS

El suntuoso convento que habita esta comunidad, y es uno de los más notables de Toledo, se debe a la munificencia del cardenal arzobispo don Pascual de Aragón que en labrarle y embellecerle empleó la cuantiosa suma de 250.000 ducados.

Doña Petronila Yáñez trajo a sus religiosas del de Madrid el año de 1632, y después de establecerlas en unas casas propiedad suya, les labró una iglesia provisional. Ocuparon estas casas tres años, al cabo de los cuales se trasladaron, merced a la diligencia del ya expresado señor Aragón, al punto en que hoy se encuentran, en donde este ilustre prelado, siendo ya arzobispo de la fe de primada, les abrió el convento e iglesia, objeto de estos breves apuntes históricos.

Bartolomé Zúmbigo, maestro mayor de la catedral y uno de los artistas más apreciables de su época, tuvo a su cargo la dirección de todas estas obras que, emprendidas el año de 1666, se dieron por terminadas el de 1673.

El templo, que pertenece al estilo grecorromano y cuya ornamentación de riquísimos mármoles se enlaza con molduras, filetes y adornos de bronce, consta de una sola nave, que intersecada en su extremo superior por el crucero presenta la forma de una cruz latina.

El altar mayor, labrado asimismo de mármoles negros y rojos con ornatos de bronce dorado, pertenece a la arquitectura general del templo con el que está en completa armonía.

Sobre el ara se ve un tabernáculo elegantísimo de trasparentes mármoles de Sicilia, tabernáculo que mandó labrar en Roma el piadoso arzobispo don Pascual y que remata en una rotonda sostenida por columnas y coronada de una bellísima imagen de bronce de la Purísima Concepción.

Sirve de fondo a esta joya del arte el suntuoso retablo hecho de las mismas costosas materias que el altar. Su trazo es debido al arquitecto que dirigió la obra de todo el edificio, y las magníficas figuras de bronce que le adornan, así como los escudos de armas con que terminan los intercolumnios colaterales, pertenecen a Virgilio Tanelli.

Merecen también las mayores alabanzas y son dignos compañeros del altar mayor los de las cabeceras de la nave que forman la cruz. Estas obras, construidas al par que las ya mencionadas, guardan con ellos muchos puntos de contacto, y aunque su diseño no es tan elegante, por contener varias reliquias y cuerpos de santos y adornarse con algunas pinturas de buena mano y ornatos de bronce trabajados con grande esmero, pueden examinarse con la misma detención que el resto de la iglesia, cuyas partes forman un conjunto armónico, tanto más sorprendente cuanto es difícil encontrar otra en que no choque la diferencia de estilos empleados en su construcción o la disparidad entre el gusto de los altares y el de la fábrica.

También merece que la mencionemos con elogio la pequeña capilla del presbiterio, en la cual se halla un crucifijo de grandes dimensiones que algunos atribuyen al famoso Alejandro Algardi, opinión que no es difícil aceptar atendiendo al mérito de la escultura que con dos grupos de bronce, debidos a un cincel maestro, aunque ignorado, y un buen número de pinturas más o menos notables, si bien todas de algún mérito, completan el número de las preciosidades artísticas que contiene este edificio. La parte exterior y la destinada a vivienda de la comunidad guardan proporción con la suntuosidad y sencillez de la iglesia, notándose en la portada principal o de la imafronte que pertenece al mismo género de arquitectura una bellísima estatua de la Purísima Concepción, como la mejor obra de su célebre autor Manuel Pereira.

Dentro de la clausura y en el mismo panteón destinado al enterramiento de las monjas, al pie de un altar en el que se contempla un lienzo que algunos atribuyen a Ticiano, yacen los despojos del piadoso protector de la comunidad, que, despojada de los cuantiosos bienes que este le dejó al morir, se dedica hoy a la beneficencia, en cuanto puede conciliarse esta obligación con la rigidez de sus estatutos.

Fin de los monasterios y conventos de religiosas